La dacrioadenitis puede ser palpebral (que causa inflamación y edema del párpado superior, que se suele deformar adquiriendo una típica forma de S) u orbitaria, que es más dolorosa y puede provocar una proptosis (desplazamiento del globo ocular hacia abajo y hacia adentro) y, en ocasiones, diplopía (visión doble).
La dacrioadenitis también puede ser aguda o crónica. La aguda se puede deber a una infección viral (como las paperas, o el virus Epstein-Barr) o bacteriana (como el estafilococo o el gonococo); mientras que la crónica suele estar causada por trastornos inflamatorios generales no infecciosos, como la sacroidosis, la enfermedad ocular tiroidea o un seudotumor orbital. Este último tipo de dacrioadenitis, suele tener una evolución lenta y signos clínicos menos pronunciados.
Los principales síntomas de la dacrioadenitis son:
El tratamiento de la dacrioadenitis dependerá de la causa que haya provocado la inflamación.
En el caso de las dacrioadenitis agudas víricas, es habitual que el médico recomiende el uso de compresas tibias y la administración de fármacos antiinflamatorios y analgésicos. Si estamos hablando de una dacrioadenitis aguda bacteriana, el médico suele indicar el uso de antibióticos locales y sistémicos, según los resultados del cultivo y la magnitud del cuadro. En los casos en los que se produzca un absceso, el médico también puede optar por la realización de una incisión y drenaje.
Cuando se diagnostica una dacrioadenitis crónica, es necesario establecer la causa concreta del problema para optar por un tratamiento u otro.